Los coches, motos y autobuses se han convertido en los principales protagonistas de las calles de nuestros pueblos.
La calle está preparada para un mundo de adultos, donde los desplazamientos que más realizamos son hacia el trabajo o hacia los comercios, pero… ¿Qué espacio les queda a los niños y niñas?
El proyecto «La ciudad de los niños» de Francesco Tonucci apuesta por más espacios públicos en los que los pequeños puedan jugar y crecer con libertad. Porque a veces se nos olvida lo importante que es el juego en el aprendizaje infantil. A través del juego, el niño se enfrenta por primera vez por sí solo con la complejidad del mundo. Aquí comienza a gestionar el tiempo, a administrar objetos, establecer reglas, tomar riesgos, curiosear, descubrir.
«El juego libre y espontáneo del niño se asemeja a las experiencias más elevadas y extraordinarias del adulto, como la investigación, la exploración, el arte, la mística; las experiencias, precisamente, en las que el hombre se encuentra frente a la complejidad, en las que encuentra de nuevo la posibilidad de dejarse conducir por el gran motor del placer.»
¿Cómo podemos reinventar las ciudades para que sean lugares agradables para ellos, ciudades donde puedan seguir jugando y experimentando de forma segura, y donde ellos también decidan el futuro que quieren? Para ello, hay que empezar por lo más básico: tenerlos en cuenta y conocer qué necesitan.
